Mientras las escuelas de todo el país reconsideran el uso que hacen los estudiantes de la tecnología durante la jornada escolar, muchas familias acogen con satisfacción las iniciativas para reducir las distracciones y mejorar la concentración. Varios estados y distritos escolares han adoptado recientemente políticas que limitan el uso de computadoras portátiles, tabletas y otros dispositivos digitales en las aulas.
Pero para muchos estudiantes con discapacidades, las pantallas no son simplemente una comodidad. Son una herramienta esencial para el aprendizaje, la comunicación, el acceso y la independencia.
Un reciente reportaje de NPR destacó la historia de una estudiante con dislexia que depende de la tecnología para leer y escribir con éxito en la escuela. Para estudiantes como ella, reducir el uso de pantallas sin tener en cuenta las necesidades relacionadas con la discapacidad podría crear, sin querer, nuevas barreras para la educación.
La tecnología como una herramienta de adaptación, no como una distracción.
Para los estudiantes con discapacidades, la tecnología educativa suele servir como una adaptación requerida en virtud de un Programa de Educación Individualizado (PEI) o un Plan de la Sección 504.
Algunos ejemplos son:
- Programas de conversión de texto a voz que leen texto digital en voz alta para estudiantes con dislexia y otras dificultades de lectura.
- Software de conversión de voz a texto que permite a los estudiantes dictar sus escritos.
- Dispositivos y aplicaciones de comunicación utilizados por estudiantes con autismo, parálisis cerebral y otras discapacidades que afectan al habla.
- Herramientas de subtitulado y transcripción para estudiantes sordos o con discapacidad auditiva.
- Organizadores digitales, recordatorios y apoyos visuales que ayudan a los estudiantes con dificultades en las funciones ejecutivas.
- Lectores de pantalla y herramientas de accesibilidad utilizadas por estudiantes ciegos o con baja visión.
Las investigaciones han demostrado que las tecnologías de conversión de texto a voz y de lectura en voz alta pueden mejorar la comprensión lectora de los estudiantes con dificultades de lectura al reducir la carga que supone decodificar el texto escrito.
Los defensores de los derechos de las personas con discapacidad advierten que las restricciones generalizadas a la tecnología en las aulas podrían limitar el acceso a adaptaciones y, potencialmente, entrar en conflicto con los derechos de los estudiantes amparados por las leyes federales sobre discapacidad.
Por qué las familias deberían prestar atención
La mayoría de los esfuerzos por reducir el uso de pantallas buscan abordar preocupaciones legítimas sobre la distracción, el uso excesivo de dispositivos y el bienestar estudiantil. Sin embargo, las políticas diseñadas para la población estudiantil en general no siempre tienen en cuenta las necesidades específicas de los estudiantes con discapacidades.
Las familias pueden encontrarse con situaciones en las que:
- Una escuela adopta una nueva política sobre el tiempo de uso de pantallas que afecta a la enseñanza en el aula.
- Se anima a los profesores a reducir el uso de la tecnología entre todos los alumnos.
- El acceso a las adaptaciones digitales se vuelve cada vez más difícil.
- Los estudiantes se sienten señalados porque siguen utilizando dispositivos electrónicos mientras que sus compañeros no lo hacen.
La buena noticia es que las adaptaciones para personas con discapacidad no desaparecen simplemente porque una escuela cambie sus políticas tecnológicas.
Si un estudiante necesita tecnología de asistencia o adaptaciones digitales para acceder a su educación, las escuelas siguen siendo responsables de proporcionar ese apoyo.
Pasos que las familias pueden seguir
1. Revise el Plan de Educación Individualizada (IEP) o el Plan 504 de su hijo.
Busque referencias específicas a tecnologías de asistencia, software de conversión de texto a voz, dispositivos de comunicación, organizadores digitales u otras adaptaciones basadas en la tecnología.
Si estos apoyos son esenciales pero no están claramente documentados, considere la posibilidad de solicitar una reunión para analizar la posibilidad de añadir un lenguaje más específico.
2. Haga preguntas sobre las nuevas políticas tecnológicas.
Si tu escuela anuncia límites en el uso de dispositivos, pregunta:
- ¿Cómo recibirán los estudiantes con discapacidades las adaptaciones necesarias?
- ¿Estará exenta la tecnología de asistencia de las restricciones?
- ¿Cómo garantizarán los docentes el acceso a los recursos digitales descritos en los Planes de Educación Individualizada (PEI) y los Planes 504?
3. Documentar lo que funciona
Lleva un registro de las herramientas tecnológicas que ayudan a tu hijo a tener éxito. Algunos ejemplos podrían ser una mejor comprensión lectora, una mayor producción escrita, una mejor comunicación o una mayor independencia.
Los ejemplos del mundo real pueden ayudar a los equipos a tomar decisiones informadas durante las reuniones sobre el Programa de Educación Individualizada (IEP, por sus siglas en inglés) y la Sección 504.
4. Abogue desde el principio
Si escuchas hablar sobre la reducción del uso de tecnología en las aulas, no esperes a que surja un problema. Las conversaciones proactivas con los docentes, el personal de educación especial y los administradores pueden ayudar a garantizar que se mantengan las adaptaciones necesarias.
5. Céntrese en el acceso, no en el tiempo frente a la pantalla.
El objetivo no es necesariamente más o menos tiempo frente a las pantallas. El objetivo es la igualdad de acceso a la educación.
Para muchos estudiantes con discapacidades, la tecnología es lo que hace posible ese acceso.
Mirando hacia el futuro
Mientras las escuelas siguen buscando un equilibrio entre el bienestar de los estudiantes y el uso de la tecnología, las familias de los estudiantes con discapacidades tienen una voz importante en este debate.
Limitar de forma sensata el uso recreativo o innecesario de las pantallas puede beneficiar a muchos estudiantes. Pero cuando la tecnología funciona como una herramienta de adaptación, comunicación o apoyo a la accesibilidad, cumple una función muy diferente.
Mientras estos debates continúan en todo el país, las familias pueden ayudar a garantizar que los esfuerzos por mejorar la educación no reduzcan involuntariamente el acceso a la misma para los estudiantes que más dependen de la tecnología.



